12 Historias que pudieron pasar en cualquier familia donde se aprecia el buen humor

A todos nos suceden cosas divertidas en el trabajo o en los viajes, pero un verdadero almacén de humor, chistes y bromas es nuestra propia casa.

La redación de El Payaso “ha escuchado por casualidad” algunas historias divertidas que solo podían suceder en familias donde el sentido del humor se hereda.

  • Peleé con mi esposo, me hizo enojar muchísimo. Fui a ducharme, estaba muy enojada bajo la ducha. Después me estaba secando con una toalla y también sentía el enojo. De repente me horroricé cuando me di cuenta de que había olvidado por completo el motivo de mi enojo. Tuve que ir a ver a mi esposo para averiguarlo.
  • Tenía 10 años cuando mi papá me enseñó a nadar. Le duró exactamente 15 segundos. Las gastó en tirarme del muelle. Como efecto secundario, también aprendí a maldecir…
  • Soy un estudiante, no tengo nada de dinero y resultó que tenía que ir a una ciudad cercana en tren. Bueno, llevé una botella con agua de grifo y compré un bollo barato en el supermercado. El viaje duraba 7 horas. Estaba acostado en el estante superior y mi panza hacía ruidos de tanta hambre. Sentía que iba a morir de hambre, ya me había comido mi bollo. Una familia que viajaba conmigo decidieron comer: sacaron un pollo y bebidas. Comenzaron a comer y mí se me caía la baba del hambre. Entonces, el padre de la familia me dijo: “Estudiante, ¿tal vez quieres comer? Siéntate, come”. No me lo podía creer, bajé del estante superior y me senté a la mesa. Y él de repente me dice: “Solo espera un poco a que todos saquemos la comida que trajimos para compartir y ahí podrás comer”.

  • Mi hermano menor me preguntó hoy:

— ¿Es cierto que en la universidad te entregan todas las preguntas antes del examen?

— Sí.

“¡Entonces puedes aprender todas las respuestas!”

  • Estábamos cenando con mi esposo y sus nuevos amigos. De repente, escuchamos un grito desgarrador. Salimos corriendo a la calle, y allí habían dos hombres borrachos. Uno tenía 4 dedos cortados y el otro tenía un hacha en sus manos. Reaccioné rápidamente. Le pegué al que tenía el hacha y llamé a una ambulancia. Puse los dedos en el congelador y vendé el brazo del hombre para evitar la pérdida de sangre. O sea, hice todo como debería ser. Nuestros nuevos amigos huyeron gritando que eramos una familia loca, ya que una mujer embarazada (estoy en el octavo mes de embarazo) era tan demente. Y simplemente soy una traumatóloga con 8 años de experiencia.
  • ¡Lo que hizo mi hermana! Iba llegando de un cumpleaños y cuando mamá le preguntó: “¿Tomaste?”, le respondió: “Solo una copa de Champagne”

  • Mi esposo una vez se estaba duchando en el segundo piso (tenemos una casa particular). Cerró la puerta con llave y esta se trabó. Ni yo podía abrir desde afuera, ni él desde adentro. Tuvo que salir por la ventana (no fue difícil, bajó por el techo de la galería). Esa misma noche, un vecino le contó en un tono conspiratorio que había visto a un amante huir de nuestra ventana en calzoncillos. Mi esposo le respondió: “Sí, lo sé, era yo”.
  • Esta es la manera en que le conté a mi esposo sobre mi embarazo. Hice una cigüeña de papel (origami), puse la prueba en su pico y la coloqué en la puerta del baño desde adentro. Mi esposo preguntó qué tipo de grulla era y por qué fumaba.
  • Estaba en casa limpiando mi guitarra eléctrica con vodka. El vodka saca bien la grasa y la suciedad y no arruina el barniz. Mientras tanto, comía unos dulces que había traído de la cocina. Limpié la guitarra y la puse en el soporte. Ni bien me senté en frente de mi computadora, entró mi madre. Durante 5 segundos observó toda la escena. Me vio sentado en la mesa con una botella de vodka y unos dulces, y me dijo: “¿estás triste, hijo?”

  • Para ingresar al primer grado, tuve que pasar una prueba. Entre las tareas que tenía que hacer era cantar una canción. Entonces les canté: “Dale a tu cuerpo alegría Macarena”. Cuando, 11 años después, mi hermana también pasaba la prueba en este lugar, ella cantó: “Ah, come de mi, come de mi carne, ah, entre caníbales”. Creo que recordarán por mucho tiempo a nuestra familia.
  • Estábamos paseando con mi esposo y mi hijo menor por jardín de niños. Un par de docenas de niños jugaban en el patio de recreo y de vez en cuando escuchábamos gritos: “¡Merlín, Artemio, Magnolia, Yaco, Rufina!” Y de repente escuchamos:

— ¡Pedro!

Música para mis oídos.

  • Cuando era pequeña, llegó un otoño y fuimos al campo a cosechar las papas. Mis padres llegaron al campo, ¡pero no había papas! Alguien ya las había cosechado todas. Ellos comenzaron a gritar e insultar. El que más gritó fue mi padre. Y mi madre no entendía por qué alguien había cosechado un campo enorme de papas ajenas. Luego resultó que mi padre y su hermano ni siquiera las habían sembrado. Cada vez que decían que iban a sembrar papas se iban a beber.

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